En los últimos meses y en todos los medios se ha venido haciendo eco de un nuevo impulso que nuestro Presidente Calderón quiere dar a la Educación en cinco niveles; contar con lugares escolares dignos, acceso a la tecnología de vanguardia, una oferta de estudios "en sintonía" con la demanda laboral, evaluación "objetiva", y mejora en
la calidad. Ha hablado de ello ante foros nacionales e internacionales.
La educación genera conocimiento y el conocimiento genera poder para hacer muchas cosas, pero mas que nada pienso la educación es el primer paso hacia ser mejores mexicanos con más posibilidades de tener una vida digna en el futuro. Y nosotros como padres es la única herencia que todos podemos dejar a nuestros hijos.
Así que se dan más becas, se abren más aulas, se amplían presupuestos para los rubros tecnológicos, se habla de investigación, de premios nacionales de ciencias, de evitar la fuga de cerebros, se aboga por otro año mas de preescolar, se pide que la secundaria e incluso la preparatoria se hagan obligatorias y hasta se ganan premios
internacionales con proyectos mexicanos de vanguardia tecnológica educativa que se quieren extinguir después. ¿Es esto último precisamente coherente con el segundo nivel de la propuesta presidencial: "acceso a la tecnología de vanguardia"?
Del hablar al decir y del decir al hacer hay una gran distancia. Terminaba el sexenio anterior y escuchábamos, leíamos o veíamos en la tele a niños interactuando con un pizarrón electrónico en salones de clase de escuelas públicas. La primera vez que los vi me llamó poderosamente la atención. Al grado de pedirle a una amiga educadora poder ir a su escuela y presenciar una clase son el sistema. Maravillado observé como los niños aprendían en el mismo tenor tecnológico de nuestro tiempo, usando cosas como juegos interactivos educativos y enciclopedias en línea interconectadas a sus libros de texto. Podían lo mismo escuchar la 5ª de Bethoven o el Himno Nacional completo, ver a Zapata y Villa en la Silla Presidencial, escuchar a Lázaro Cárdenas con la expropiación petrolera, la bomba atómica, acomodar los planetas del sistema solar, el eclipse del ´91, aprender a navegar el internet o el idioma inglés, en una gran pantalla a colores. Uno a otro los niños pasaban al frente y se veía disfrutaban
mucho del aprendizaje.
Luego me enteré que en 150,000 aulas de 5◦ y 6◦ de las primarias oficiales ya los tenían. Por fin, me dije: "Además de vanguardista una propuesta incluyente de clase mundial en educación mexicana. ¡Que bueno que tenemos una probada del primer mundo en nuestras escuelas también!".
Todo iba muy bien con este proyecto hasta que se quiso extender a la secundaria, se cambiaron las reglas, hubo supuestamente "malos manejos", algunos "enriquecidos" y como suele suceder en un país como el nuestro el asunto se politizo, se puso un impasse a continuarlo con secundaria y está en veremos si sigue o no. ¿Y nuestros niños? Me pregunto. ¿Es justo privarlos de algo bueno así por así? ¿Te doy el dulce y luego te lo quito?
Hoy por hoy a la educación de calidad de clase mundial no la podemos desprender de la tecnología de información. Independientemente de la parte política este proyecto demostró ser en poco tiempo el parteaguas que estábamos esperando. Una solucíon que sirve para complementar con calidad la ya cuestionable educación tradicional en nuestras escuelas. Vaya si la han probado con mucho éxito hasta para enseñar cómputo e inglés, ¡sin que el mismo maestro sepa cómputo e inglés! Comprobadísimo.
Estamos en el Siglo XXI y las computadoras están por todos lados. Nos ranquean en lugares muy bajos en los niveles de educación en el mundo. De pronto nos encontramos con un rayo de esperanza para que nuestros hijos tengan educación de calidad y ese rayo se quiere extinguir. ¿Es esto coherente? Espero tu opinión al respecto.
Hiram Bolaños Cacho R.
www.adelantenciclomedia.org.mx
jueves, 21 de febrero de 2008
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